¿Qué tipo de compradora eres?

Historia de la vida real: Vivo muy cerca de la zapatería con mejor precio-calidad de Buenos Aires. Como compradora compulsiva rehabilitada, ya tengo establecido mi patrón de compra, que debo respetar si es que vivo tan cerca de éste secreto mejor guardado (Y si es que quiero llegar a fin de mes): Miro con atención, me pruebo, me voy, y si después de varias horas (o dias en algunos casos) sigo pensando en ese par de zapatos, voy y los compro. Así nunca tengo arrepentimientos raros y zapatos olvidados en el fondo del clóset.

La última vez que pasé por mi zapatería amiga, había una chica probándoselo TODO. Desde los zapatos más glamorosos, caros e inutilizables, hasta hawaiianas de goma. Las tres vendedoras se miraban entre sí con cara de Mátenme. Me fui, y como es mi costumbre, volví en un par de horas. La chica seguía ahi, probándose hasta los zapatos de saldo y los de invierno. Claro ejemplo de la compradora indecisa en niveles patológicos.

 

Toda esta situación me hizo pensar en los tipos de compradoras que podemos ser: Aquellos tipos que conozco, que he visto o que he sido en años y años de shopping. Posiblemente haya millones de grupos y subgrupos, pero éstos, para mi, son los más representativos:

La indecisa: Posiblemente, la chica del ejemplo de arriba es miembro honoraria, con carnet y vale de estacionamiento gratis del grupo de las compradoras indecisas. Este tipo de compradora no sabe muy bien que es lo que les viene, ni cual es la tendencia, y antes de darse por vencidas en éste tema que no les interesa y las confunde, van a las tiendas, se prueban todo y generalmente no lo pasan muy bien. Si tiene una personalidad fuerte, es posible que se vaya de la tienda con las manos vacías y la frente en alto, si no, lo más probable es que salga de la tienda con una prenda que no le gusta, pero que la vendedora prácticamente la obligó a llevar.

La influenciable: Compra generalmente porque está aburrida, porque vino acompañando a la amiga y ella le dijo que porqué no se lleva algo. Es carnada fija para las vendedoras con ambición y con sueldo a comisión (pronto haremos una clasificación de ellas), y es prima-hermana de la indecisa. No se siente muy segura de sus conocimientos, pero si a alguien le gustó como le quedaba el vestidito, seguro no le queda tan mal. Obviamente, una vez que use la prenda, estará atenta al efecto que produce en los demás. Si es un éxito, no se lo saca en 3 semanas. Si nadie le dijo nada, al fondo del clóset para siempre.

La pragmática: Disciplinada, sabe perfectamente que ropa le queda bien y cual no, que tendencia va a usar esta temporada y cual no, y con cual pantalón, zapatos y accesorios va a combinar todo lo que está mirando. Verdadera Rain man de las compras, sabe que tiendas están en su presupuesto, a cuales entra sólo en liquidaciones y a cuales no puede aspirar ni en 12 cuotas. Suelen tener pocas deudas relacionadas con la ropa, y prefiere calidad antes que cantidad. También, no se porqué, suele comprar sola, y en horarios distintos a los demás (jamás en un mall el dia domingo a las 4 de la tarde).

La amante de la ganga: Es cierto, compra (muchas) cosas baratas y por ésto, en ciertos momentos  es causa de envidia mortal departe de sus familiares y amigas. Pero junto con esos verdaderos tesoros que encuentra a punta de tesón y esfuerzo, también encuentra verdadera basura que compra sin pensarlo dos veces. Es que estaba baratísimo, no para de repetir. En algún momento lo voy a usar. La respuesta es, como todos sabemos, NO. Jamás vas a usar ese cortaviento verde limón de hombre o ese vestido cuatro tallas más chico que el que te corresponde.

La marquera: Va y se encierra en 1 o 2 tiendas en las que es compradora fiel. Las vendedoras la conocen (siempre va al mismo local, obvio) y compra en cantidad casi apenas cambian los percheros de la nueva temporada. Una forma de reconocerla es que en su casa tiene un sólo tipo de bolsa (la de su tienda favorita). A pesar de que puede parecer una compradora racional y planificada,  ¿Alguien puede ser feliz viéndose igual que el lookbook de una marca? Suelen tener un estilo cumplidor y agradable, pero sin grandes muestras de creatividad o estilo personal.

Ésos son algunos de los grupos de compradoras que más me rodean, pero sin duda, podemos encontrar mezclas, subgrupos y distintos grados de cada uno en cada persona.  Y ustedes, lectoras VLC, ¿A que grupo pertenecen?

Este post fue publicado originalmente en Viste la calle el 16 de noviembre del 2011.

Ask Coni: ¿Que tipo de falda uso?

Hace poco, con un amigo, hablábamos de lo afortunadas que somos las mujeres al tener en nuestra opciones de guardarropa a las faldas y vestidos. Para él, era increíble que teniendo ésta opción disponible, la mayoria de las chicas usara jeans todo el tiempo. Y si, desafortunadamente, el tema de las faldas siempre  ha detenido en seco a varias generaciones de mujeres. No tengo idea porqué, pero hay demasiadas mujeres que simplemente no las usan, o las usan muy de vez en cuando, en ocasiones muy alejadas, muy formales y con verguenza. Son sólo piernas, chicas!

Este tema me ha perseguido por años, y cuando he reunido el valor para preguntarle a una chica (sutilemente, obvio, no soy una bitch) del por qué no usa faldas ni vestidos, siempre me han dicho que no saben cual les queda bien. Afortunadamente, y como nunca, esta primavera hay opciones para todas. Y cuando digo todas, me refiero a TODAS, ya que nos enfrentamos a una temporada ecléctica como pocas. Hoy están a nuestra disposición desde las minis más reveladoras hasta aquellas faldas que hace un par de temporadas no hubieramos usado por miedo a parecer fanáticas religiosas. Todas tienen su oportunidad ésta primavera, y por extensión, hay una para cada una. Veamos.


La maxi: La más extrema de las polleras extremas. Llega hasta el tobillo y más allá. Indispensable es usarlas, en lo posible, con algún grado de taco, ya que puede acortar las siluetas cortitas aún más. La actitud al usarla es indispensable, y en éstos tiempos convulsionados e ideológicos adquieren hasta cierto sabor early seventies extra.

La plisada: Lleva entre nosotros un tiempo debido a la fiebre Ballerina. De tela liviana, es perfecta para las temperaturas elevadas y me atrevería a decir que es la opción de las más chic.

De jean: Laguna Beach nos acostumbró a que la mini de jean rotosa era la opción veraniega por autonomasia. Por suerte hemos dejado atrás esos tiempos oscuros, y la que actualmente me tiene ganado el corazon es aquella un poco más larga, de un lavado más oscuro y un poco más sofisticada, lo que la hace un poco más versátil en situaciones y en rangos etarios (Yo desde hace un par de años relegué las minis de jeans al fondo del clóset).

Linea A: Un clásico que simplemente no dejamos ni dejaremos de usar. Femenina hasta decir basta, es la adecuada cuando se quiere rockear un look vintage. Mezclado con flats y colores pasteles, resulta simplemente perfecta, aunque si se quiere hacer un upgrade, los zapatos tipo Pump con taco son la opción.

Mini: Por supuesto, esta temporada las minifaldas no están fuera de la tendencia, y al parecer, nunca lo estarán. Mis favoritas de este tiempo son aquellas que agregan interés al look, a través de estampados gráficos interesantes o por texturas poco usuales, como telas brillantes, lentejuelas, etc.

Columna: Una opción un poco más sofisticada de la Maxi es la falda estilo columna. Aunque aún no es muy vista, es una opción muy cómoda de usar, ya que es casi lo mismo que andar con pantalones. Asi mismo, resulta perfecta con cualquier tipo de zapatos planos, como ballerinas o sandalias. También, en una opción más sofisticada, con el zapato adecuado se transforma y se convierte en una falda perfecta para ocasiones más formales.

Tulipán: Es una opción que empezamos a ver hace un par de temporadas en todas las tiendas. Por lo novedoso de su forma, se transformaron en un comodín de las ocasiones formales en los guardarropas de muchas. Es, sin duda un corte difícil de usar , ya que acentúa caderas y cintura al mismo tiempo (Danger!), y aunque a mi la explosión tulipán me parece y me pareció siempre un poco sobrevalorada (no todas pueden usarla) , me parece que aún sigue siendo una opción novedosa para el uso de faldas y vestidos.

Fotos: ASOS.com

Este post fue publicado originalmente en Viste la calle el 16 de octubre del 2011.

Las mujeres que no aman la moda (pero que la moda las ama a ellas)

De acá hace un tiempo, me he sentido increiblemente lejana a aquellas it girls que las revistas de moda nos indica amar. Sienna Miller, Kate Bosworth e incluso Alexa Chung (quien me convenció durante un  tiempo, pero que finalmente vi como lo que es, sólo una chica flaca más). Todo ese desfile de “íconos de la moda”, son solo it girls. Chicas jóvenes y moldeables que presentan con dignidad el Zeitgeist de su tiempo. Fácilmente intercambiables en esta industria que siempre busca lo nuevo.

Las verdaderas mujeres con potencial de ícono, y que, en mi opinión,  las marcas de lujo deberían estar enalteciendo, son aquellas que no necesariamente aman la moda sino que la moda las ama a ellas. Eso es, lo que a mi (me está pareciendo) hace falta en los medios, la publicidad  y los blogs. ¿Que me importa a mi que una veintiañera quiera usar tal o cual prenda, si yo hubiera tomado la misma opción?, Lo que quiero ver, ahora al menos, son aquellas mujeres que están fuera del círculo de la moda, y que no pueden contener su estilo personal. Mujeres, que, con sus años a cuestas, son verdaderas guaripolas del estilo real.

Si me permiten la patudez de dar consejos a casas de moda centenarias (a ti te hablo, Karl), no dejen en veintiañeras anoréxicas el peso innegable de su legado. Coco no lo soportaría. Dejen su legado en Mujereres de verdad, como éstas, en mayúscula, con pasado, errores y virtudes.

Diane Keaton: No sólo se ganó su estatus de ícono en los setenta con Annie Hall, sino que ha sido una de las más constantes en su establecimiento de su estilo personal. Con sesenta años y una carrera vigente que ha desarrollado a su antojo, no representa sólo moda (en su propio estilo), sino también vigencia, sexo y humor, en un momento en que pocas mujeres de su edad pueden.

Tilda Swinton: Con cincuenta y un años cumplidos, Tilda presenta el sueño de cualquier diseñador de ropa. Larga, estilizada como pocas, palidísima y con impronta Avant garde, puede ser musa de cualquiera. Ya ha aprovechado éstas carácteristicas en publicidad y editoriales de moda, pero ¡No es suficiente! Queremos más.

Patricia Clarkson: Cada vez que la veo en una película, no puedo evitar pensar en lo bella, tranquila, relajada y llena de humor que me resulta esta señora, y adoro que mantenga el pelo rubio y largo como una quinceañera. El cuerpo la acompaña, obvio (La vieron en Whatever Works?), pero es, claramente, mucho más lo que transmite.

Christine Lagarde: Una opción extraña, lo sé, pero si hay una mujer que estoy esperando que alguna casa de moda le ofrezca un contrato de publicidad es a esta abogada francesa, actual directora del Fondo Monetario Internacional. Combinación de inteligencia con elegancia (francesa innata, que duda cabe),  me imagino que puede vender lujo como ninguna veintiañera fome puede.

Esas son las “chicas” que tengo en mi cabeza, pero sin duda, hay un montón de mujeres interesantes, elegantes y que nos transmiten más que el-gimnasio-es-mi-trabajo allá afuera. ¿Cuales se les ocurren a ustedes? ¿Tenemos algún ejemplo nacional entre éstas mujeres fuertes y glamorosas sin esfuerzo?

Este post fue publicado originalmente en Viste la calle el 9 de noviembre del 2011.

Prenda controvertida: La jardinera ¿Si o no?

En mi vida, he dicho varias (demasiadas, quizás) las palabras jamás-me-verán-vestida-con-eso. Algunas de estas declaraciones se siguen manteniendo hasta la actualidad, como mi odio declarado al gorro vaquero (lo sigo manteniendo, jamás me verán con uno, no importa cuantas veces Madonna lo “reinvente”). También, he hecho otras concesiones en pos de la moda, como el jean con jean, las botas inspiradas en lo vaquero (no vaqueras de por si, ese look me para los pelos) y las maxifaldas. Ahora, una “nueva” prenda volvió en los últimos tiempos, en que el denim alcanza los más variados estilos, y éste dilema de nuevo asalta mis dudas: La Jardinera, ¿Puede transformarse en una prenda cool, o no? Lo digo porque yo misma era una gran fan de las jardineras, hasta los 6 años aproximadamente. De ahí pasaron muchas cosas, yo crecí, volvió la democracia, y parecía que hasta ahi no más habían llegado.

 

Pero volvieron. Y como ya lo hemos dicho antes, el look Boho-setentero imperante nos traerá varias mini tendencias, en las que nos encontraremos con dilemas parecidos. La ruta del hacer fashion una prenda tan caída en desgracia es difícil, pero en defensa de la jardinera, ésta sólo parece la progresión natural -en clave denim- de los enteritos que ya llevan bastante tiempo dando vuelta por las tiendas, a pesar de que, en mi opinión, todavía no convencen del todo a la gran mayoría del público femenino. Incluso, la jardinera se posiciona como una opción incluso más simple de usar, más cándida y más juvenil, sobre todo cuando es jardinera-vestido y jardinera short (el look hasta el suelo me parece un poco más dificil de llevar a cabo de forma exitosa, no les voy a mentir). Como las marcas parecen estar abocadas totalmente a sacarnos las dudas con la famosa prenda, ya podemos ver en varios lookbooks de marcas ligadas al mundo de los jeans como usarlas: Basándose en las tres formas principales de la jardinera. Los jeans, el short y la falda.

Jeans. La más complicada de las opciones, para mi gusto, ya que marca cualquier figura un poco más llena en caderas y trasero. Como segundo problema a considerar es la posibilidad de vernos como un gran pedazo de mezclilla con pies, sin embargo, creo que usándola de la misma forma que combinábamos el exceso de azul en la tendencia jeans más jeans podemos salir airosas. Lo ideal es combatir la gran cantidad de tela con piel desnuda, usando sólo camisetas simples debajo, mantener los accesorios al mínimo, e incluso, si el corte aplica, arremangándolos. Accesorio sugerido: Capelinas o Pamelas. Así nos podemos ver igualitas a una ilustración de Sarah Kay del álbum Te quiero de Salo (ups… se me cayó el carnet).

Shorts: La opción más cómoda para usar las jardineras, primero porque son shorts y segundo, porque olvidamos el tema del gran mounstro azul. En este caso, hay más opciones para combinar, con mangas largas o cortas, chaquetas (por favor, no de mezclilla) y zapatos variados. Incluso, podemos combinar con estampados como poleras rayadas marineras, camisas escocesas, blusas con volados, etc. Al tener las piernas al aire, podemos complejizar la parte de arriba. Hay mucho más donde jugar por acá y es más fácil que resulte sentador, mientras se tengan buenas piernas.

Mini: La jardinera con falda larga, la verdad, no me parece una opción (aunque tendría que verlo, pero de sólo pensarlo, mmm, mejor que no). En este caso, la mini puede ser una opción muy linda y práctica de usar la tendencia en dias de primavera, y tiene las mismas posibilidades que el short, incluso, puede ser, en sus versiones más pulidas (como la primera de la foto) una opción más formal y arreglada. El único problema que tengo con la mini-jardinera, es más que nada práctico, ya que mientras una mini normal se controla perfecto con un poco de soltura, una mini que parte desde los hombros, y que aparte tiene una caída rígida como la de la mezclilla, muy probablemente en algún momento del dia nos tenga mostrándo más que seguridad. En todo caso, con unos hot-pants abajo, estamos OK (este tip viene de cerca, hágame caso).

Fotos: StuddedHearts/ Chictopia/ ASOS.

Este post fue publicado originalmente en Viste la calle el 24 de agosto del 2011.

 

My body gallery: ¿Como me veo realmente?

La escritora Carolina Aguirre, alguna vez dijo en su blog Bestiaria una verdad absoluta: Las mujeres tenemos una matemática simbólica paralela. Mientras para el resto del mundo un número es un número, para nosotras son dos: El que decimos, y el que callamos (…) Todas las mujeres pesamos 49 ó 59 kilos, y, si somos muy grandotas, 69, pero ninguna acusa 62 o 71. Nadie sabe tampoco quién usa talle large o extra large; porque todas somos (como mucho) medium, talle 1 ó 2 de medias, y 37 de zapatos (Link)
Así es chicas. Y así como le mentimos al mundo acerca de nuestras medidas (yo siempre digo que mido 1.70 mts, por ejemplo), también tenemos el proceso contrario al mirarnos al espejo, al menos la mayoría de nosotras. ¡Que felices seríamos si bajáramos esos 3 últimos kilos! ¡Si tan sólo tuviéramos un poquito más de cintura! Todo, por supuesto, lo decimos especialmente después de haber estado hojeando una revista que base prácticamente todo su material en retratar mujeres con índices de masa corporal bastante bajos, tacos altos, maquillaje, un estilista, un fotógrafo profesional,  luces, 100 fotos para elegir sólo una y retoque digital severo. No hay duda que así no vamos a tener nunca una buena imagen de nuestro cuerpo “real”.

Bueno, llegó una página a nuestras vidas que pretende transformarse en una cruzada mundial, en pos de que las mujeres por fin puedan tener un referente de como se ve su cuerpo en la realidad, sin artificios. Esa página es My Body Gallery, y consiste básicamente en un galeria (obvio) donde las mujeres puedan buscar, a través de algunas variables (altura, peso, tallas, formas de cuerpo) gente que tenga, quizás, un cuerpo parecido al suyo, o al menos, gente con la que compartan medidas en general.

¿Cual es el punto de una web de éste tipo? Al parecer, el ver un cuerpo de dimensiones parecidas al nuestro “desde fuera”, tiene un efecto positivo en nuestra propia visión corporal. Nos damos cuenta que, quizás si vieramos nuestro cuerpo desde fuera nos parecería mucho más atractivo, y que posiblemente seríamos mucho más benevolentes con esos defectos con el que somos tan duras cuando los vemos en el espejo. Y esto, quizás, resonará positivamente en las mentes de las mujeres que miran la página, de seguro tan dadas a la autocrítica destructiva como el resto de las mujeres.

Lo que me trae dudas es si ver otros cuerpos hará efectivamente que nos sintamos bien con nuestro cuerpo, finalmente. Porque al fin y al cabo, todas sabemos que las mujeres reales vienen en distintos tamaños, pesos y formas. El problema es que sólo vemos como bello una porción muy pequeña, y muy rígida de esa población general, y que sentimos presión por tratar al menos de parecernos a éste canon de belleza rígido. Quizás éste tipo de páginas- aunque admiro el sentido final, en serio-  sólo traiga una comparación odiosa más certera con nuestro propio cuerpo, al tener ahora más herramientas para juzgarlo duramente.

Es muy pronto todavía para pensar en resultados. Por ahora, las invito a que pasen a ver la página, evalúen su cuerpo mediante tallas y pesos,  y después vuelvan y comenten aquí: ¿Se sintieron mejor consigo mismas despues de éste experimento? ¿La diversidad de tipos de cuerpo les hizo sentir mejor y empoderadas con su cuerpo?  ¿O se sintieron que pertenecen a un grupo de frentón no muy agraciado?
Yo les hablaré de mis conclusiones en un próximo post. Prepárense.

Este post fue publicado originalmente en Viste la calle el 17 de agosto del 2011.

Bip Ling: La receta de la blogger It girl

Ya no es historia nueva para nadie. Una chica linda -aunque no siempre-, crea una cuenta de blogspot, o wordpress (un tumblr si es más hipster) y pone ahi todo lo que le parece cute y cool, documentando “su vida” o más bien, una cuidada selección editada de lo que quiere que sus lectores identifiquen como ésta. Generalmente se trata de una sucesión eterna de fotos coloridas que incluyen invariablemente: Fotos de zapatos de plataforma, uñas pintadas de colores intensos, de recitales al aire libre y fotos de platos de comida (Macaroons indispensables), todo ésto ligeramente condimentado por pensamientos randómicos o letras de canciones. Éste es el camino a la fama bloguera hoy, lo sabemos, pero Jebus, ¿Cuanto tiempo más tendremos que soportarlo?

 

La última de éstas chicas que han sabido monetizar efectivamente el paso frugal por la blogosphera es la londinense Bip Ling. Una chica que ha alcanzado notoriedad porque simplemente, en su estrategia no hay errores, y parece haber aprendido de memoria el circuito con fines comerciales de anteriores Bloggers It girl como Cory Kennedy y Tavi. Nacida hace 21 años dentro de una familia muy fashion (su madre es ilustradora de moda y su padre, dueño de la Fashion Illustration Gallery) ésta ex-estudiante de arte y bloguera hoy dedica sus dias a ser DJ en fiestas cool (verdadero llamado vocacional para aquellos que no tiene mucho más talento que saber posar para una foto) y, más importante, a ser la embajadora de lo que es deseable, joven y cool hoy en la capital inglesa.

Obviamente, más temprano que tarde, la industria comienza a ver en ésta chica el buzz que ya había visto en otras, y el aparato comercial empieza a desplegarse. Primero llegaron los regalos de los diseñadores. Segundo, las invitaciones al front row de la LFW. Tercero, el contrato con la agencia de modelos Storm. Y luego, (actualmente), llegaron las marcas a ofrecer contratos para publicidad: Marcas tan distintas como Forever 21 y Loewe. Y asi, sin más, nuevamente, el círculo se cumple y nosotros comenzamos a esperar a la proxima lolita envuelta en llamas de lo cool.

No dudo que haya algo de valor en el hecho de documentar la  propia vida en un blog. Como expresión, me parece más que válida y hay grandes ejemplos de ésto. Y puede que esta chica Bip en realidad tenga un estilo único y raro (yo no lo creo, pero bueno). Lo que en realidad me molesta es que simplemente, éste verdadero modelo de negocio en el que se han convertido las bloggers It girl, está tan visto, y ha caído de forma tan obvia en el cliché más vil, que me parece que ya tendríamos que ir buscando un nuevo tipo de expresión de la moda de la gente común en Internet.

Si me preguntan a mi, preferiría mil veces estar escuchando opiniones de colecciones, estilos, historia de la moda, saber que pasa en los lugares más recónditos de la tierra con el diseño de moda… lo que sea, pero articulado de alguna manera, con palabras, algo de opinión, un mínimo de punto de vista. Un poco, sólo un poco de interés en la moda, al fin y al cabo, y no sólo en verse linda. No me interesa ver por trescientava vez ver la misma foto de los mismos zapatos que vi en 24 blogs más.

Internet es la herramienta más maravillosa de aprendizaje y de intercambio de opiniónes que haya ocurrido después de la escritura y de la invención de la imprenta, y sin duda, ha acercado increíblemente el mundo de la moda a lugares increíbles de intercambio y democratización. Pero obviando la maravillosa potencialidad de la herramienta que tenemos en nuestras manos, nos dedicamos como bobos a admirar a una chica cualquiera en sus constantes egotrips.

Se llame Bip, Juanita, Cory o lo que sea, me aburrieron. NEXT PLEASE.

Este post fue publicado originalmente en Viste la calle el 27 de Julio del 2011.

Alaïa, el ermitaño

“You don’t understand, this is an Alaia.”

“An a-what-a?”

“It’s like a totally important designer.”

Cher Horowitz tenía razón. La anterior es una de las referencias popculturales más conocidas de los noventa, sin embargo, el totally important designer apenas sale en los medios y puede pasear su corta humanidad con tranquilidad por el mundo. Y aún sin protagonismo, ese desconocido se las arregla para encantar a mujeres, celebridades y anónimas, de todo el mundo.

 

La semana pasada, durante la Semana de la moda de París, Alaïa fue el encargado de cerrar el ciclo. Lo hizo con el primero de sus desfiles organizado en 8 años. Un verdadero acto de valentía y rebeldía en una industria que ya no sólo requiere colecciones de temporada y anticipos, sino también un montón de colecciones intermedias, colaboraciones con H&M, colecciones cápsula, etc. Alaïa se las arregla para sobrevivir, ser exitoso y amado por las mujeres (mujeres tan distintas como Michelle Obama, Victoria Beckham y Cathy Horyn) trabajando a su ritmo, sin presiones, lo que incluso lo llevó a rechazar la propuesta de la casa Dior para suceder al caído en desgracia John Galliano, básicamente el sueño de todo diseñador de moda.

Y a pesar de que en éste desfile la concurrencia fue escueta, no se transmitió en Stream en vivo por Internet, y hubo poco de la conocida fiesta alegre y vacía de bloggers, celebrities y voguettes a los que ya nos acostumbramos, fue uno de los desfiles más comentados y valorados por el público y la crítica.

Se suele decir dice que Alaïa es uno de los diseñadores más tímidos del sistema actual de la industria, pero el modisto, que cuenta con una trayectoria de alto nivel desde hace más de 30 años, es “algo” más que tímido. Simplemente es, que a mucho talento y tesón, ha logrado un nivel de independencia poco común en la industria actual: No le interesan las fiestas y las portadas, no hace publicidad y su ropa está lejos de ser recurrente en las revistas de moda. El éstá y trabaja en moda, simplemente porque la ama y porque “cada dia aprende algo nuevo”.

Testarudo, se ha hecho de poderosos enemigos en la industria, lo que lo mantiene marginado de los medios. La más poderosa de esos enemigos, es sin duda Anna Wintour, quien no ha fotografiado una prenda del diseñador durante años. Alaia no se queda atrás en la disputa; “Ella dirige muy bien el negocio, pero no la parte de la moda. Cuando veo cómo está vestida, no creo en su buen gusto ni por un segundo (…) Otras personas piensan como yo, pero no lo dicen porque tienen miedo de no salir más en Vogue. Como sea, ¿quién recordará a Anna Wintour en la historia de la moda? Nadie”. Ni siquiera un mimado de la industria como Karl Lagerfeld se salva de sus dichos. Para Alaïa, el duque “Es una caricatura. Nunca ha tocado un par de tijeras en su vida. Tal vez sí es grandioso, pero yo prefiero morirme antes que salir en un comercial” (fuente).

Pero dejando todo eso de lado, “el mejor costurero que ha existido jamás” (segun Suzy Menkes), seguro que no decepcionó a nadie en su último desfile. Si es que hay una idea de lo que la Haute Couture como fantasía debería ser, y si es que alguien es capaz de llevarnos a la idea del creador de moda como autor, Alaïa cumple con los requisitos y más. Y si es que existe en la práctica la idea del genio que a fuerza de su talento no replica lo que se vende, sino crea un mundo propio independiente de las tendencias imperantes, ésta colección alcanzó el puntaje máximo. En cada una de las creaciones que vimos ésta vez del tunecino, podemos entender un poco más acerca de su mundo de diseño, dejándonos claro que si quizás su talento más obvio es ser un artesano impecable, su verdadera magia consiste en leer como un libro los sueños de moda de las mujeres.

Este post fue publicado originalmente en Viste la calle el 13 de Julio del 2011.

Ser la desubicada

Todos hemos sido, en algún momento de la vida, la desubicada. Ésa triste figura que se repite una y otra vez en cada ocasión que merezca cierto protocolo. Y por ser tan fácil caer en ésta situación, es que hay tantos tipos de desubicadas como mujeres en la tierra.

Está aquella que nunca jámas le achunta con lo que se pone, no importa en que situación sea. Y llega a ser tan mala que ya marca un estilo. Está también aquella mujer que siempre resulta un poquito más provocativa que las demás, siendo algo así como la desubicada sexy, favorita de los hombres y mujeres (para descuerarla a pelambre, se entiende). También está aquella desubicada que me gusta llamar “la estudiante en práctica” que suelen ser aquellas que estaban bien, tranquilas con su propio sentido de la moda y un upgrade repentino en su estilo de vida (un nuevo trabajo, un nuevo estatus de madre, cualquier cosa) hace que se encuentren como en corral ajeno cuando hablamos de ropa. Mi favorita es aquella desubicada que le da lo mismo ser desubicada. Tan consistente es en sus desubicaciones, tan constante es en sus malos pasos de vestimenta, y con tanto desparpajo comete sus crímenes fashion que simplemente pasa por experta y por amante de la moda.

Uno de los momentos donde más podemos encontrar este tipo de situaciones es en los matrimonios. ¿Por qué? Simplemente porque es una de las pocas situaciones en que la gente normal tiene un nivel mayor de formalidad y de protocolo, y una de las pocas veces en que dejamos nuestro vestuario exageradamente informal. Les digo esto porque el tema de la desubicación se me vino a la mente no solo con una, sino con dos noticias parecidas de la prensa rosa inglesa. Las dos tienen que ver con matrimonios, con una de las reglas más antiguas del mundo y con uno de los pilares de la democracia: Como invitada, no importa lo soltera, estupenda, o tonificada que estés, JAMAS debes opacar a la novia. Jamás.

Una de este tipo de desubicadas, según la prensa, fue Pippa Middleton, hermana carretera y con cuerpo perfecto de la ex- Kate Middleton y hoy Catherine de Cambridge. La otra fue la hermana de Lilly Allen, Sarah Owen. Las dos cometieron el mismo error por distintos motivos. Una, por verse “demasiado más bonita” que la novia, enfrente de millones de personas en el mundo entero, opacando a la novia  y convirtiéndose en la nueva celebridad a paparazzear departe de la prensa rosa From England (cosa que personalmente no entiendo, tiene buen cuerpo, pero, Da para tanto?). La otra por, simplemente, ser la desubicada provocativa, combinando un vestido corto con un poco favorecedor escote, complementando todo con unos tacos naranjos furiosos, generando un conjuntito más adecuado para hacer lapdances que para acompañar a tu hermana, enfundada en un primoroso vestido de novia de Chanel, en el dia “más feliz de su vida”.

Siendo justos, en todo caso, ser la desubicada tampoco es tan malo. Estando en una sociedad que reprime con demasiado vigor a aquellos que se alejan un milímetro de la media y que juzga con energía innecesaria cualquier innovación (en todo sentido, no solo en la moda), la desubicación puede ser tomada , hoy más que nunca, como un valor a imitar, a atesorar y a monetizar. Es cosa de mirar a Lady Gaga, nada más.

Este post fue publicado originalmente en Viste la calle el 29 de Junio del 2011.

Distintas portadas, el mismo vestido

Esto ya parece ser una incipiente vicio de la industria. Ejemplo tras ejemplo y mes tras mes, las revistas sacan en sus portadas no sólo las mismas aburridas e insulsas actrices de siempre, sino también, vestidas con los mismos outfits.

El hecho de que un diseñador lance una colección exitosa, y que algunos prendas exhibidas sean de mayor alcance mediático que otras no tiene gran relevancia, y es totalmente esperable. No todas las colecciones van a ser igual de exitosas, y eso es lo normal. También podemos entender que dos celebridades usen el mismo vestido en la misma semana (al final, nadie pierde más que ellas), pero si hay algo que me sorprende es cuando un vestido se repite una y otra vez en distintas portadas de revistas distintas, no sólo una, sino hasta diez veces en un periodo de 3 meses de diferencia.

Los ejemplos en el último año sobran. Quizás el más escandalosos fueron los diez versiones de portadas varias, ilustradas con el mismo vestido dorado de Balmain mostrado en la temporada Fall 2010, que salieron a principios de este año. El  vestido, que costaba algo así como 3o mil dólares, fue lucido por chicas tan distintas como Claudia Schiffer, Natalia Vodianova y Anne Hathaway en portadas de Harper´s Bazaar, Grazia, Elle y varias Vogue around the world.

También ha pasado que en 3 revistas que se distribuyen de un mismo país, y en el mismo mes, 3 estrellas usen el mismo vestido, como pasó el pasado agosto 2010 en las portadas de W, Elle UK y Vogue UK, donde Eva Mendes, Lily Allen y Freja Beha respectivamente, se pusieron el mismo vestido Miu Miu con flores en el escote. Al menos, en este caso, los escotes eran tan diferentes, que parecían vestidos distintos.

También, en la primera de las ediciones de Vogue Paris comandadas por Emanuelle Alt, en abril de éste año, Giselle Budchen lució un vestido Dolce & Gabbana SS 2011, que además habia aparecido en Vogue Alemania el mes anterior, y en Vogue España dos meses antes, lucido por Contance Jablonski. No un muy buen comienzo para una nueva editora en jefe, ¿no?

Podríamos seguir dando ejemplos como éstos hasta el infinito (Como el conjunto de Gucci en la primera foto) ¿Por qué, habiendo tantas opciones, los editores y estilistas de las distintas publicaciones muestran, una y otra vez, el mismo vestido? Cada temporada, como es de esperar, hay prendas que por distintas razones (seguramente ajenas al diseño y a la belleza de las prendas) son marketeadas con más fuerza por las marcas. Mientras más lleguen ciertas prendas a las páginas de las revistas, esto se transformará -obviamente- en publicidad para las casas de moda. Sin embargo, ésta publicidad dista mucho de ser enfocada a vender la colección del cual proviene ese vestido, o esa chaqueta. Estamos hablando de prendas prohibitivas en precio, que nunca bajan de los varios miles de dólares por outfit. Lo que logran las marcas poniendo sus vestidos premium en primera plana no es aumentar sus vendas de alta costura, sino hacer crecer las ventas de segundas y terceras líneas (como D&G y Emporio Armani), de perfumes y cosméticos, y en general todo el arsenal de productos relacionados con un apellido impreso… Pero, al final, si ni siquiera van a vender ese vestido , ¿Porque no optar por opciones más creativas? ¿Porque no optar por nuevos nombres de la moda, diseñadores emergentes? Porqué no optar por vender los productos realmente rentables para las casas de moda dentro de las páginas de la revista? La respuesta, al parecer, como mucho en esta industria, tiene más que ver con lobby y políticas varias, que con la moda misma.

Este post fue publicado originalmente en Viste la calle el 22 de Junio del 2011.

WTF: Odio la moda


Me está pasando algo últimamente que ni yo misma puedo explicar, y para lo cual ya estoy averiguando, en diversos centros holísticos, distintas terapias de última generación. El primero de los pasos para superar este tipo de problemas es admitirlo, asi que lo voy a decir así sin más: Ultimamente, odio la moda…
OK, mentira, en realidad no odio la moda…Sigo viendo colecciones como mala de la cabeza, sigo amando ver revistas, sigo estando pendientes de los looks de todos los que conozco y veo por la calle, sigo memorizando nombres de nuevas modelos como si me estuviera ejercitando para un concurso millonario, y sigo leyendo sobre temas que no le importan a nadie más, pero estoy, cada vez más, odiando el tedioso, aburrido y frustante proceso de ir a comprarme ropa. El mismo proceso que en algún momento fue sólo dicha y alegría, hoy se me hace tan pesado como correr 10k en una mañana de sábado. Tengo algunas teorias sobre esto:

Quizás es porque vivo en un país en constante inflación, en el cual uno de los ítems que más ha aumentado, sino el que más, es la indumentaria femenina. La cifra oficial ubica el alza en algo así como un 20%, pero según mi ojo clínico para estas cosas, es fácil un 45% o más. Y ésto, sumado a que generalmente la ropa de invierno es mucho más cara que en verano, por razones obvias, el ver los precios me tiene permanentemente al borde del colapso.
Quizás, también, es porque trabajo de ésto y sé – o creo saber– cuanto vale de verdad una prenda, o más bien, cuanto le cuesta la ropa a aquellos que venden al público. Hoy en día, pagar el precio de retail por una prenda que vale varios ceros menos, me parece, simplemente, una locura. De hecho, estoy segura que en algún momento va a haber una filtración de éste tipo, algo así como una Wikileaks de la moda, y el mundo de la venta de ropa se va a ir bastante al cuerno.

Quizás, también, es porque todo me parece malo y repetido. No crean que soy simplemente una avara que no es capaz de gastar en sí misma un poco de plata para verse bien, sino que cada vez que voy a comprar ropa, todos los tejidos me parecen demasiado baratos, las costuras demasiado mal hechas, el diseño demasiado obvio y repetido hasta el infinito… Así hasta la eternidad, todo me parece feo, mal confeccionado, y volviendo al punto anterior, nada parece costar, en verdad, lo que cuesta.
O quizás es porque ya no tengo tanto tiempo para buscar y reutilizar. Una de las cosas que más influyó en mi amor por la moda y la ropa, fue la dedicación en tiempo y cabeza que invertí en buscar la prenda perfecta durante eternos paseos de compras de ropa usada, buscando la transformación justa y adecuada que transformara esa ganga de $100 pesos en una hazaña digna de la admiración de varios. Hoy en día, mi tiempo para invertir en éste hobbie se ha visto reducido al mínimo. No es que no ame la ropa usada, es que simplemente, ya no tengo el tiempo para dedicarle.
No me gusta esta situación. Sorry por este larguísimo – y quizás aburrido–  soliloquio personal, pero ahora les toca a ustedes, queridos lectores. Se aceptan, como siempre, opiniones, reclamos, y , sobre todo, consejos… Quiero que me guste comprar ropa de nuevo!!

Este post fue publicado originalmente en Viste la calle el 15 de Junio del 2011.