Mi experiencia con el minimalismo

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Dudé al principio en titular esta entrada con la palabra minimalismo. Como todos los “ismos” tiene connotaciones que a veces son más grandes que las intenciones humildes de este texto. Lo primero que se me viene a la mente cuando hablamos de minimalismo es, al menos para mí, esa parte de la historia del arte en que uno queda inevitablemente con cara de “¿Eso pusieron en la galería?”…. pero si vamos a las definiciones puras y duras del movimiento, es la “tendencia a reducir a lo esencial, a despojar de elementos sobrantes. (…) Es también la concepción de simplificar todo a lo mínimo.”

Todo este proceso para mí ha sido tan natural y gradual que tengo dudas si soy parte de un “movimiento”. Todo comenzó en el 2013, cuando después de vivir en otra ciudad durante años, me devuelvo a vivir y trabajar en mi ciudad natal (Santiago du Chili). Viniendo desde Buenos Aires en plena época kirchnerista -en el que la variedad de producto no era mucha- Santiago, con su apertura capitalista al máximo, con sus malls eternos, y con su promesa de crédito aunque ganes 500 dólares de sueldo, parecía un paraíso para alguien que le gustan mucho LOS PRODUCTOS como a mí. Sin llegar a ser una hoarder, sí tenía – y adquiría- muchos objetos: Mucha ropa, muchos zapatos, muchos productos para la casa, mucho maquillaje. Viví 3 años en Santiago tratando de mantener a raya mi consumismo, en periodos muy exitosamente.  En otras, me compraba 6 prendas en H&M sólo porque había poca fila en la caja (que si han ido al H&M de Costanera, no parece una locura).

Vivía mi vida entre el goce inmediato del consumo y el miedo a endeudarme. Por si se lo preguntan, nunca lo hice, pero poco a poco, empecé a darme cuentas de más y más señales. Por ejemplo, después de ver el documental The true cost bajé radicalmente mi consumo de marcas fast-fashion. No sólo por las consecuencias globales de usar estas marcas -que están bien explicados en el documental- sino también porque personalmente, ya no me convencía comprar una prenda que tiene la potencialidad de convertirse en un trapero en 5 lavados. Me pregunté, porque seguir comprando cosas sólo porque son  baratas?  Tengo suficiente ropa. Además, pagar 5 mil pesos por algo 100% poliéster, no parece tan buen negocio si uno lo piensa un poco.

El mismo proceso empezó a pasarme con el resto de objetos a mi alrededor. En un momento, en mi ducha habían 4 botellas de shampoo a medias. Tenía 3 desodorantes en distintas partes de mi casa. Tenía una pequeña fortuna gastada en maquillajes de diversas marcas, desde las más lujosas -con sus glamorosos estuches dorados- hasta las más baratas. En las compras de casa, terminaba botando a la basura la mitad de las verduras que compraba, no porque no comíeramos ensaladas, sino porque una familia de 2 personas tiene una capacidad limitada de consumo que nunca supe medir. Mejor que sobre que falte, me decía mi misma, sin convencerme del todo.

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Me aburrí de tener tantas cosas. Nunca he ganado un sueldo muy abultado (soy diseñadora gráfica) así que la austeridad resulta un buen plan para mi. Empecé a practicar esa austeridad conscientemente. Seguí viendo documentales (como éste, éste y éste) que hablaban de como las cosas se convierten no sólo es una trampa para nosotros mismos, sino también para el planeta, reafirmando mis convicciones y sintiéndome un poquito más libre cada día. Investigué. Leí el best seller de Marie Kondo, las ideas de clóset capsulas de 33 prendas, blogs de mujeres que producen un puñadito de basura al año. Se transformó en una mini obsesión para mí.

Viví mi casamiento de forma minimalista. Fuimos a firmar en la mañana al registro civil, y en la noche hicimos una comida con mis papás , mi hermana y 4 amigos cada uno en un restaurante que nos gustaba y al que íbamos siempre. Lo pasamos genial. Usé un vestido de menos de 100 dólares que puedo seguir usando. Orgullosamente, les puedo decir, gastamos lo que otra gente que conozco gastó en flores. Gente que gana lo mismo que yo, ojo, no les hablo de amigos millonarios.

Lo que la austeridad permite, eso sí, es usar la plata en viajar. De luna de miel fuimos a Tokio. En otro momento les hablaré de lo flasheante que es ese lugar, pero me pasó que todo lo que llevaba pensando acerca del equilibrio entre las cosas y las personas cobró sentido mágicamente al llegar a Japón. Sin negar que es una cultura donde el consumo es feroz y fetichista, los espacios ligados a la espiritualidad están llenos de nada, haciendo que el espectador o el que está viviendo la experiencia de estar en ese templo, en ese jardín, lo llene con lo que él o ella mismo trae. Ese sentido estético se repite, a su vez, en los productos, en los espacios, en la moda. El vestido se termina cuando tú te lo pones, la botella de bebida cambia a medida que te la vas tomando, el museo juega  la naturaleza y como te integras tu a ese espacio. Así con todo.

Finalmente llegó la prueba de fuego de mi minimalismo, el momento en que me enfrentaría a la verdad de mi convicción: Una oportunidad de trabajo nos hizo cambiarnos nuevamente de casa y de país, lo que significa -díganlo conmigo-…Desarmar una casa, priorizar lo que es importante, vender lo demás y partir al aeropuerto con 2 maletas de 23 kilos. Quieren saber como salió eso? GENIAL. Nunca en mi vida he tenido tan pocas cosas, y ¿saben qué? Me siento muy bien con eso.

Ahora tengo que armar nuevamente una casa y ya empezamos mejor: En vez de arrendar una casa de 3 piezas en las que 2 se transforman rápidamente en depósitos (been there), optamos por una muy chiquitita en un barrio que nos gusta mucho (experiencias vs territorio). Estamos optando por tener lo mínimo para tener una vida funcional y aprovechar el espacio disfrutando el vacío, el no tener. Además, eventualmente tengo que volver a Chile y NO PIENSO llevarme un container con muebles.

No es necesario convertirse en un monje tibetano cuando hablamos de vivir con un poco menos, se trata de dejar lo material en el terreno que le corresponde, el de ayudarnos a vivir una vida mejor. En el momento en que nos transformamos en esclavos de ellos, algo tiene que cambiar.Les invito a empezar a hacer distintos ejercicios que a mi me han ayudado a desprenderme un poquito cada día del peso de las cosas, y como este pensamiento ha cambiado conductas en mí que siento, me han ayudado en distintos aspectos:

En ropa: Lo principal es el conocimiento. Saber lo que tienes, saber que te queda bien y saber lo que te gusta usar. Al final, nunca nos ponemos ese vestido que no tiene que ver conmigo, y cuando lo use, voy a estar consciente todo el tiempo que algo no está bien. El comprar conscientemente nos ayuda a consumir menos, pero también a consumir ropa de mejor calidad, que nos durará más y a la cual vamos a tener una mejor relación.

Viajes:  Trato de viajar siempre que se pueda con una maleta de esas que se llevan en cabina. Aparte que no tener que chequear maletas, sales más rápido del aeropuerto, y andas más liviano. En Pinterest hay miles de fórmulas para hacer muchos looks con pocas prendas.

Casa: Creo que la mejor idea, dentro de lo que tu vida te lo permita, es tener una casa que no nos permita mucho almacenamiento. Es una reacción natural de nuestra cultura consumista el tratar de llenar espacios con objetos, y al no tenerlo, hay que hacerse cargo de controlar el impulso. De nada sirve consumir, deshacerse de todo y volver a consumir, eso nos va a dejar agotados (y muy pobres), como lo explica Marie Kondo en su libro que recomiendo mucho.

Comida: El minimalismo también, en mi caso, abarca la nutrición. Trato, siempre dentro de lo posible, de que los ingredientes de mis comidas sean lo menos procesadas, en una especie de “minimalismo de ingredientes”. Por muy rico que se vean esos Skittles, desconfío mucho de todos esos ingredientes hechos full en laboratorio. Como dicen algunos, si no puedes pronunciarlo, mejor no lo comas. Aparte la comida más rica del mundo tiene 3 ingredientes o menos, pruébenlo (pastas, queso, pescadito, vino, mmmm).

Redes sociales: Puede sonar como una tontera pero para mi ésta forma de pensar también ha abarcado mi relación hacia las redes sociales. Antes, había cierta compulsión por emitir, emitir mi opinión, emitir una foto de un plato, lo que fuera. Hoy en día, a pesar de que mantengo mis cuentas, trato de pensar siempre en la calidad de lo que emito. ¿Es necesario, es inspirador, es un contenido que aporte en algo a alguien? Si la respuesta es no, trato de dejar pasar la oportunidad.

 

 

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1 comentario en “Mi experiencia con el minimalismo”

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