La belleza del momento

captura-de-pantalla-2016-10-04-a-las-13-11-50
Foto: Old Book Illustrations

It has been said that beauty is a passport — but it’s not, it’s a visa, and sooner or later it will run out.

Julie Burchill

Todos somos bellos en el fondo. Eso nos han dicho. Hermosa utopía que choca con la realidad una y otra vez: La sociedad, las industrias multimillonarias de la belleza y la moda, e incluso la ciencia nos dicen otra cosa. La belleza existe, se puede clasificar y establecer en cuanto a parámetros raciales, de género, de edad e incluso matemáticos. Pero ¿qué significa ser bello hoy?

Como casi todas las mujeres occidentales, he sentido mi vida entera que tengo que ser bella. Al menos lo más posible dentro de lo que se pueda. Pero ¿qué diablos significa ser bonita? ¿Quién establece quién lo es y quién no?

Parece una locura dedicar tanto dinero, tiempo, sudor, tinta y lágrimas a un concepto tan irreal. Reconocemos la belleza cuando la vemos, la juzgamos en los demás todo el tiempo, pero no podemos soportar la idea de ser observados con la misma dureza. Hay algo en lo hermoso que nos atrae de forma compulsiva, no importa si somos los más superficiales de la cuadra o unos intelectuales consumados. La belleza, tanto la propia como la ajena nos obsesiona a todos, y así a sido desde el principio de la cultura. El hombre lleva hablando de “Lo bello” desde tiempos inmemoriales y el tema está lejos de estar cerrado, simplemente porque la belleza no sólo cambia de valores y de cánones cada cierto tiempo en ciclos que no paran de evolucionar. Basta con ver los miles de estudios, libros, post y papers universitarios que se le dedican al tema desde todas las disciplinas. Lo vemos también, en la diversidad de temas que hoy definen lo que nos parece, en este momento y en nuestra cultura, lo bello.

La belleza imposible: El mundo del retoque

En el mundo de la belleza parecemos haber llegado a un límite en el que la realidad y la ficción se desdibujaron. Cada vez existen más caminos en búsqueda del cuerpo perfecto, de la estrella de Hollywoood perfecta, de la portada perfecta. Hay métodos que engañan: el Photoshop y la cultura del airbrush. Vivimos en la sociedad del retoque. Todo por una obsesión que sobrepasa muchas veces los niveles del sentido común.

En su libro Bossypants, Tina Fey recuerda el momento en que se dio cuenta de que todas las chicas deben “serlo todo”, cuando su prima atacó duramente las caderas de una mujer en un paseo a la playa. “No sabía que las caderas podían ser un problema tan grande. Solo sabía que se podía ser gordo o flaco, no que podía haber tantas cosas malas con tu cuerpo”. Pero sí, puede haberlas, aunque el cuerpo sea completamente sano y funcional.

El cuerpo perfecto nunca estuvo tan al alcance de muchos como hoy, es cierto. Aunque también, en ningún momento esa idea estuvo tan en la mente de todo el sexo femenino, no importa la edad ni las condiciones externas. El estar “divina” es visto como el mayor símbolo de poder sobre sí misma que la mujer puede tener. ¿Educación, dinero, posgrados, una familia feliz? Who cares if you are not pretty.

Otro extracto de Bossypants dice “Recuerdo que cuando era niña las opciones eran dos: ras bello o no. Si lo eras, todo bien, pero si no, eso también estaba ok. Podías estar tranquilo y buscar un oficio. Hoy, es una obligación para todos el ser bellos. Siempre”. Escuchémoslo de una persona que ha hecho carrera en ser lista y graciosa, pero que, aún consagrada en la televisión, debe dar explicaciones permanentemente por no ser tan bonita como las demás, o más bien, por no ajustarse 100% al canon de belleza aceptado por la TV estadounidense. Una mujer que debe ser más delgada y estar más en forma que el 95% del resto de sus compatriotas de su edad.

La verdad es que a mucha gente le conviene que las mujeres aceptemos como un reto posible el alcanzar un ideal inalcanzable y estrecho de belleza. Millones de empleos se basan en la idea de que se puede llegar a ser un poco de eso que llaman la belleza del momento y mientras haya oferta, habrá demanda.

Belleza y raza: Entre la dignidad y el negocio

El mundo de la moda ha sido, desde siempre, duramente criticado por promover una idea de belleza, digamos, estricto. Las top models suelen ser rubias altas y delgadas de ojos claros, incluso en países en los cuales esas no son características fáciles de encontrar. Basta ver la lista de modelos mejor pagadas del año 2010: Gisele Bundchen, Heidi Klum y Kate Moss. Todas de orígenes distintos, pero al fin y al cabo, caucásicas.

Pero la industria de la belleza ha empezado a dar signos de mayor apertura. Al menos, desde la boca para afuera, se tiene un discurso cada vez más integrado a la sociedad en el que se explicita que la diversidad es bella. El gigante de la cosmética Estee Lauder presentó la temporada pasada una campaña multirracial, incluyendo a la supermodelo china Liu Wen, la portorriqueña Joan Smalls y la belleza clásica rubia-de-ojos-azules francesa Constance Jablonski.

El mensaje en sí no es nada nuevo. Desde los años 60 en adelante, pioneros del mundo de la moda han intentado poner en el tapete la idea de una belleza no blanca como posible, primero con las bellezas negras Naomi Sims o Donayle Luna, y luego, en la década del 70 y 80, cosechando éxitos masivos pero aislados, con las supermodelos Imán, Beverly Johson y Naomi Campbell. Éxitos que tienen un sabor agridulce, ya que por cada chica negra famosa en el gran mercado, hubo muchas más que pudieron haber aportado, pero que, simplemente, no llegaron.

Ni hablar de otros tipos de belleza, como el latino o el asiático. Hasta quizás bien entrados los 90, las chicas no blancas no eran más que la opción divertida y étnica dedicada a enaltecer la belleza de la chica rubia en programas de televisión y en el cine.

Los estándares que tienen que ver con la industria son cada vez más diversos y también más heterogéneos. Pero gran parte de esta realidad actual, tiene que ver, cómo no, con lo económico. La millonaria industria de la belleza no va a perder su parte en los mercados emergentes, como China y Latinoamérica. Las decisiones son tomadas con calculadora en mano, más que responder a un nuevo paradigma.

Viendo el vaso medio lleno, podemos decir que los medios y la publicidad, más allá de porqué lo hacen, sí construyen realidades. Quizás el incluir modelos más diversos sea un movida comercial, pero sirve para que las chicas negras no sientan que tienen que aclarar su tono de piel mediante cremas abrasivas, que las orientales no necesiten operarse los ojos para ser atractivas y que las latinas no deban reducir al mínimo sus caderas mediante extremas dietas del pomelo. A mí, al menos, me parece un avance.

Belleza y edad: Old is the new young

Estas últimas temporadas se ha venido produciendo un fenómeno, quizás poco significativo en los números, pero muy importante en el fondo: El descubrimiento de la mujer mayor de 40 años. Así es, recién ahora, las marcas dejaron de pensar en las mujeres adultas como madres y empezaron a fijarse en ellas como sujetos que pueden ser cara de las más lujosas marcas del mundo, sin perder en el proceso ni un ápice de glamour. Al contrario, han acercado a las marcas a su público real, hablándole a las posibles consumidoras desde otro punto de vista, más sincero, y generando un aura de satisfacción con la vida, elegancia y sofisticación que nadie le puede pedir a una chica que acaba de terminar el colegio.

Esta tendencia ha tenido en los últimos meses unos cuantos puntos altos, como el regreso de varias supermodelos de otras épocas a las pasarelas internacionales –Veruschka, de 71 años, para Giles Deacon; Iness de la Fressange, de 53, para Chanel; y Lauren Hutton, de 60, para Tom Ford- y, además, puso los ojos del mundo en una situación: La conciencia de que una mujer madura no está dispuesta a rendirse frente a la arremetida de la muerte sexual y social a la que estaban relegadas hace algunos años.

Nuevamente, nos encontramos aquí con un cambio de paradigma social que se da primariamente por su sentido comercial adjunto: La publicidad de moda de lujo y belleza de alto nivel no está enfocada para públicos menores de 30.

 

Belleza y diversidad: Los monstruos bellos

Ya lo dice Umberto Eco en su Historia de la belleza: “Todas las culturas, además de una concepción propia de lo bello, han tenido siempre una idea propia de lo feo (…) Según distintas teorías estéticas, desde la Antigüedad hasta la Edad Media, lo feo es una antítesis de lo bello, una carencia de armonía que viola las reglas de proporción, que sustrae al ser lo que por naturaleza debería tener”.

Aunque nuestro ideal de belleza se encuentra en un período que combina ideas de diversidad racial con estándares cada vez más estrechos para cumplir, una tendencia empezó a originarse desde las culturas del underground en los 70 y 80 para institucionalizarse por completo en los 90: La belleza alternativa que no hace caso de los mandatos establecidos por la cultura mainstream y que combina una idea de proporción y armonía rota por elementos externos, como una fina y bella obra de arte con un rayado de graffiti encima. Estos elementos alcanzaron su mayor popularidad durante los 90 en forma de piercings, tatuajes, escarificaciones y modificaciones corporales varias que, por un momento, nos convencieron a todos de que este nuevo ideal de belleza, diverso y rupturista, sería el futuro.

La cultura alternativa de los 90 se sometió a la masificación, eventualmente, y terminó integrándose totalmente al sistema hegemónico de la belleza. Sin embargo, el nuevo siglo llegó con nuevas ideas acerca de los monstruos, los oprimidos, los distintos.

Lady Gaga, en una movida de cuya sinceridad no estoy 100% segura, ha sabido concentrar en ella muchas de esas antiguas concepciones de la belleza de los monstruos. Ella misma es en sí un experimento de los límites entre lo bello y lo feo que es capaz de tolerar la sociedad, con un guardarropa que combina el disfraz extremo con un verdadero amor por la moda, el teatro y el espectáculo. El valor de esta artista quizás no pasa por ser una cantante y bailarina excepcional,  (no estoy tan enterada de su obra), sino en que ha sabido decirle a la generación de internet que no es necesario ser tal cual les piden que sean, en un mensaje que no por repetido pierde fuerza e interés. La Mother Monster, vestida con tacos de 25 centímetros, es hoy nuestra representación bella de los monstruos, y sus videos, sexuales y llenos de referencias a la religión, a orgías y escenas propias de El jardín de las delicias (tal como lo hiciera otra chiquilla italoamericana 20 años atrás) la convierten en nuestra versión contemporánea de El Bosco.

Belleza, peso y tallas: La dictadura de la talla cero

Hay una aseveración que me molesta profundamente, pero que no por eso deja de ser cierta: La mujer actual siente que necesariamente debe ser delgada para ser bella. Es una condición sine qua non. Si no eres extremadamente delgado, anda olvidándote de pertenecer al grupo de la gente linda o al menos de los que sienten que pueden sacar provecho, mínimo que sea, de su look.

La fiebre de la talla cero ha ido trasladándose y originando mucha información desde los 90 en adelante. Tuvo muchos antecedentes en la antigüedad, es cierto (los 40 kilos de Twiggy, por ejemplo), pero podemos afirmar con cierta cuota de certeza que esta ola de fiebre flaca, la nuestra, se origina en un punto de inflexión que originalmente tenía más que ver con la diversidad y la búsqueda de algo distinto, que con un nuevo yugo.

Cuando en 1989, una frágil adolescente de un barrio obrero de Londres llamada Katherine Ann Moss fue descubierta por una scoutter de modelos en un aeropuerto, era una excepción que se presentaba como una opción de vanguardia que venía a derrocar la belleza neumática e inalcanzable de las supermodelos. De las glamorosas amazonas de piernas kilométricas, curvas pronunciadas perfectas y bustos prominentes, una adolescente de 45 kilos y menos de un metro setenta de estatura parecía mucho más real. Sin embargo, no sabíamos qué iba a pasar en los siguientes 15 años.

La dictadura de la talla cero, como la comenzaron a llamar los medios angloparlantes, puede haberse iniciado de forma masiva con la fama de Moss y el heroin chic. Mujeres a dieta han existido siempre, pero ahora hordas de chicas cortaban todo tipo de alimentos de forma perpetua. Comenzó la dieta global femenina, al mismo tiempo que el mundo engordaba. Y, quizás por eso, aparecieron las celebridades scary skinny, quienes dieron a la anorexia, a la guerra a los carbohidratos, a las piernas como palillos y a la neurosis colectiva una cuota de sofisticación.

La triste realidad que muestran los medios es que para aspirar a ser digno de amor, respeto y envidia (sobre todo ésta) de parte de tus pares femeninas debes llevar una huelga de hambre permanente, que recuerde a la gente que el rigor y la disciplina que desplegamos en la búsqueda de la perfección nos transforma en seres superiores, como si un número en nuestras etiquetas nos asegurara una vida mejor.

Obviamente han salido, desde hace varios años, voces disonantes que pretenden erradicar esta verdadera locura global. Desde los grupos de familiares de víctimas de la anorexia que tratan de hacer que se prohíban las modelos extremadamente delgadas en los desfiles y fotos, hasta marcas orientadas a la mujer que tratan de descolgarse del ideal anoréxico y acercarse más a la mujer real. Y aunque todos estos intentos sean nobles o tengan una intención comercial detrás, pienso sinceramente que serán finalmente inútiles, hasta que las personas normales, no las compañías, se den cuenta de que la clave de todo el asunto es quitarle poder a la delgadez. En el momento en que no nos importa más quién es delgado y quién es gordo, cuántos kilos hay que bajar para el verano, cuál es nuestra talla y cuál era hace cinco años, etcétera, el tema pierde importancia.

Algunas Conclusiones 

Haciendo el recuento de algunos de los temas que definen nuestra relación con la belleza hoy, no cabe duda que nos encontramos en un momento complejo, en que muchas de nuestras preocupaciones como sociedad están ocupadas en temas que antes podían parecer vacuos o menos importantes. Nuestra adoración a la imagen está jugando con nuestra mente, y hay alguien (o más de alguno) allá afuera sacando cada vez más provecho de ésta situación.

Y con esta frase no estoy llamando a que no nos preocupemos más de nosotros mismos. Ser capaces de controlar nuestra imagen y lo que proyectamos en los demás es una satisfacción que de la que nadie puede dudar o acusar de ilegítima. Lo que propongo, más que nada, es que juguemos el juego con responsabilidad y un poco de altura de miras. Nada de lo que podamos decir en pro de la belleza la hará un concepto más real, más sustentable en el tiempo, más decidor de nuestra felicidad final.

Se suele decir que la belleza es un pasaporte. No lo es, es una visa, que eventualmente, siempre, expirará.

Asi que, al fin y al cabo, ¿Para que hacernos tanto problema?

Este artículo fue publicado originalmente en la edición N.02 de Reviste la calle, de noviembre 2011.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s