My body gallery: ¿Como me veo realmente?

La escritora Carolina Aguirre, alguna vez dijo en su blog Bestiaria una verdad absoluta: Las mujeres tenemos una matemática simbólica paralela. Mientras para el resto del mundo un número es un número, para nosotras son dos: El que decimos, y el que callamos (…) Todas las mujeres pesamos 49 ó 59 kilos, y, si somos muy grandotas, 69, pero ninguna acusa 62 o 71. Nadie sabe tampoco quién usa talle large o extra large; porque todas somos (como mucho) medium, talle 1 ó 2 de medias, y 37 de zapatos (Link)
Así es chicas. Y así como le mentimos al mundo acerca de nuestras medidas (yo siempre digo que mido 1.70 mts, por ejemplo), también tenemos el proceso contrario al mirarnos al espejo, al menos la mayoría de nosotras. ¡Que felices seríamos si bajáramos esos 3 últimos kilos! ¡Si tan sólo tuviéramos un poquito más de cintura! Todo, por supuesto, lo decimos especialmente después de haber estado hojeando una revista que base prácticamente todo su material en retratar mujeres con índices de masa corporal bastante bajos, tacos altos, maquillaje, un estilista, un fotógrafo profesional,  luces, 100 fotos para elegir sólo una y retoque digital severo. No hay duda que así no vamos a tener nunca una buena imagen de nuestro cuerpo “real”.

Bueno, llegó una página a nuestras vidas que pretende transformarse en una cruzada mundial, en pos de que las mujeres por fin puedan tener un referente de como se ve su cuerpo en la realidad, sin artificios. Esa página es My Body Gallery, y consiste básicamente en un galeria (obvio) donde las mujeres puedan buscar, a través de algunas variables (altura, peso, tallas, formas de cuerpo) gente que tenga, quizás, un cuerpo parecido al suyo, o al menos, gente con la que compartan medidas en general.

¿Cual es el punto de una web de éste tipo? Al parecer, el ver un cuerpo de dimensiones parecidas al nuestro “desde fuera”, tiene un efecto positivo en nuestra propia visión corporal. Nos damos cuenta que, quizás si vieramos nuestro cuerpo desde fuera nos parecería mucho más atractivo, y que posiblemente seríamos mucho más benevolentes con esos defectos con el que somos tan duras cuando los vemos en el espejo. Y esto, quizás, resonará positivamente en las mentes de las mujeres que miran la página, de seguro tan dadas a la autocrítica destructiva como el resto de las mujeres.

Lo que me trae dudas es si ver otros cuerpos hará efectivamente que nos sintamos bien con nuestro cuerpo, finalmente. Porque al fin y al cabo, todas sabemos que las mujeres reales vienen en distintos tamaños, pesos y formas. El problema es que sólo vemos como bello una porción muy pequeña, y muy rígida de esa población general, y que sentimos presión por tratar al menos de parecernos a éste canon de belleza rígido. Quizás éste tipo de páginas- aunque admiro el sentido final, en serio-  sólo traiga una comparación odiosa más certera con nuestro propio cuerpo, al tener ahora más herramientas para juzgarlo duramente.

Es muy pronto todavía para pensar en resultados. Por ahora, las invito a que pasen a ver la página, evalúen su cuerpo mediante tallas y pesos,  y después vuelvan y comenten aquí: ¿Se sintieron mejor consigo mismas despues de éste experimento? ¿La diversidad de tipos de cuerpo les hizo sentir mejor y empoderadas con su cuerpo?  ¿O se sintieron que pertenecen a un grupo de frentón no muy agraciado?
Yo les hablaré de mis conclusiones en un próximo post. Prepárense.

Este post fue publicado originalmente en Viste la calle el 17 de agosto del 2011.

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Bip Ling: La receta de la blogger It girl

Ya no es historia nueva para nadie. Una chica linda -aunque no siempre-, crea una cuenta de blogspot, o wordpress (un tumblr si es más hipster) y pone ahi todo lo que le parece cute y cool, documentando “su vida” o más bien, una cuidada selección editada de lo que quiere que sus lectores identifiquen como ésta. Generalmente se trata de una sucesión eterna de fotos coloridas que incluyen invariablemente: Fotos de zapatos de plataforma, uñas pintadas de colores intensos, de recitales al aire libre y fotos de platos de comida (Macaroons indispensables), todo ésto ligeramente condimentado por pensamientos randómicos o letras de canciones. Éste es el camino a la fama bloguera hoy, lo sabemos, pero Jebus, ¿Cuanto tiempo más tendremos que soportarlo?

 

La última de éstas chicas que han sabido monetizar efectivamente el paso frugal por la blogosphera es la londinense Bip Ling. Una chica que ha alcanzado notoriedad porque simplemente, en su estrategia no hay errores, y parece haber aprendido de memoria el circuito con fines comerciales de anteriores Bloggers It girl como Cory Kennedy y Tavi. Nacida hace 21 años dentro de una familia muy fashion (su madre es ilustradora de moda y su padre, dueño de la Fashion Illustration Gallery) ésta ex-estudiante de arte y bloguera hoy dedica sus dias a ser DJ en fiestas cool (verdadero llamado vocacional para aquellos que no tiene mucho más talento que saber posar para una foto) y, más importante, a ser la embajadora de lo que es deseable, joven y cool hoy en la capital inglesa.

Obviamente, más temprano que tarde, la industria comienza a ver en ésta chica el buzz que ya había visto en otras, y el aparato comercial empieza a desplegarse. Primero llegaron los regalos de los diseñadores. Segundo, las invitaciones al front row de la LFW. Tercero, el contrato con la agencia de modelos Storm. Y luego, (actualmente), llegaron las marcas a ofrecer contratos para publicidad: Marcas tan distintas como Forever 21 y Loewe. Y asi, sin más, nuevamente, el círculo se cumple y nosotros comenzamos a esperar a la proxima lolita envuelta en llamas de lo cool.

No dudo que haya algo de valor en el hecho de documentar la  propia vida en un blog. Como expresión, me parece más que válida y hay grandes ejemplos de ésto. Y puede que esta chica Bip en realidad tenga un estilo único y raro (yo no lo creo, pero bueno). Lo que en realidad me molesta es que simplemente, éste verdadero modelo de negocio en el que se han convertido las bloggers It girl, está tan visto, y ha caído de forma tan obvia en el cliché más vil, que me parece que ya tendríamos que ir buscando un nuevo tipo de expresión de la moda de la gente común en Internet.

Si me preguntan a mi, preferiría mil veces estar escuchando opiniones de colecciones, estilos, historia de la moda, saber que pasa en los lugares más recónditos de la tierra con el diseño de moda… lo que sea, pero articulado de alguna manera, con palabras, algo de opinión, un mínimo de punto de vista. Un poco, sólo un poco de interés en la moda, al fin y al cabo, y no sólo en verse linda. No me interesa ver por trescientava vez ver la misma foto de los mismos zapatos que vi en 24 blogs más.

Internet es la herramienta más maravillosa de aprendizaje y de intercambio de opiniónes que haya ocurrido después de la escritura y de la invención de la imprenta, y sin duda, ha acercado increíblemente el mundo de la moda a lugares increíbles de intercambio y democratización. Pero obviando la maravillosa potencialidad de la herramienta que tenemos en nuestras manos, nos dedicamos como bobos a admirar a una chica cualquiera en sus constantes egotrips.

Se llame Bip, Juanita, Cory o lo que sea, me aburrieron. NEXT PLEASE.

Este post fue publicado originalmente en Viste la calle el 27 de Julio del 2011.

Alaïa, el ermitaño

“You don’t understand, this is an Alaia.”

“An a-what-a?”

“It’s like a totally important designer.”

Cher Horowitz tenía razón. La anterior es una de las referencias popculturales más conocidas de los noventa, sin embargo, el totally important designer apenas sale en los medios y puede pasear su corta humanidad con tranquilidad por el mundo. Y aún sin protagonismo, ese desconocido se las arregla para encantar a mujeres, celebridades y anónimas, de todo el mundo.

 

La semana pasada, durante la Semana de la moda de París, Alaïa fue el encargado de cerrar el ciclo. Lo hizo con el primero de sus desfiles organizado en 8 años. Un verdadero acto de valentía y rebeldía en una industria que ya no sólo requiere colecciones de temporada y anticipos, sino también un montón de colecciones intermedias, colaboraciones con H&M, colecciones cápsula, etc. Alaïa se las arregla para sobrevivir, ser exitoso y amado por las mujeres (mujeres tan distintas como Michelle Obama, Victoria Beckham y Cathy Horyn) trabajando a su ritmo, sin presiones, lo que incluso lo llevó a rechazar la propuesta de la casa Dior para suceder al caído en desgracia John Galliano, básicamente el sueño de todo diseñador de moda.

Y a pesar de que en éste desfile la concurrencia fue escueta, no se transmitió en Stream en vivo por Internet, y hubo poco de la conocida fiesta alegre y vacía de bloggers, celebrities y voguettes a los que ya nos acostumbramos, fue uno de los desfiles más comentados y valorados por el público y la crítica.

Se suele decir dice que Alaïa es uno de los diseñadores más tímidos del sistema actual de la industria, pero el modisto, que cuenta con una trayectoria de alto nivel desde hace más de 30 años, es “algo” más que tímido. Simplemente es, que a mucho talento y tesón, ha logrado un nivel de independencia poco común en la industria actual: No le interesan las fiestas y las portadas, no hace publicidad y su ropa está lejos de ser recurrente en las revistas de moda. El éstá y trabaja en moda, simplemente porque la ama y porque “cada dia aprende algo nuevo”.

Testarudo, se ha hecho de poderosos enemigos en la industria, lo que lo mantiene marginado de los medios. La más poderosa de esos enemigos, es sin duda Anna Wintour, quien no ha fotografiado una prenda del diseñador durante años. Alaia no se queda atrás en la disputa; “Ella dirige muy bien el negocio, pero no la parte de la moda. Cuando veo cómo está vestida, no creo en su buen gusto ni por un segundo (…) Otras personas piensan como yo, pero no lo dicen porque tienen miedo de no salir más en Vogue. Como sea, ¿quién recordará a Anna Wintour en la historia de la moda? Nadie”. Ni siquiera un mimado de la industria como Karl Lagerfeld se salva de sus dichos. Para Alaïa, el duque “Es una caricatura. Nunca ha tocado un par de tijeras en su vida. Tal vez sí es grandioso, pero yo prefiero morirme antes que salir en un comercial” (fuente).

Pero dejando todo eso de lado, “el mejor costurero que ha existido jamás” (segun Suzy Menkes), seguro que no decepcionó a nadie en su último desfile. Si es que hay una idea de lo que la Haute Couture como fantasía debería ser, y si es que alguien es capaz de llevarnos a la idea del creador de moda como autor, Alaïa cumple con los requisitos y más. Y si es que existe en la práctica la idea del genio que a fuerza de su talento no replica lo que se vende, sino crea un mundo propio independiente de las tendencias imperantes, ésta colección alcanzó el puntaje máximo. En cada una de las creaciones que vimos ésta vez del tunecino, podemos entender un poco más acerca de su mundo de diseño, dejándonos claro que si quizás su talento más obvio es ser un artesano impecable, su verdadera magia consiste en leer como un libro los sueños de moda de las mujeres.

Este post fue publicado originalmente en Viste la calle el 13 de Julio del 2011.

Ser la desubicada

Todos hemos sido, en algún momento de la vida, la desubicada. Ésa triste figura que se repite una y otra vez en cada ocasión que merezca cierto protocolo. Y por ser tan fácil caer en ésta situación, es que hay tantos tipos de desubicadas como mujeres en la tierra.

Está aquella que nunca jámas le achunta con lo que se pone, no importa en que situación sea. Y llega a ser tan mala que ya marca un estilo. Está también aquella mujer que siempre resulta un poquito más provocativa que las demás, siendo algo así como la desubicada sexy, favorita de los hombres y mujeres (para descuerarla a pelambre, se entiende). También está aquella desubicada que me gusta llamar “la estudiante en práctica” que suelen ser aquellas que estaban bien, tranquilas con su propio sentido de la moda y un upgrade repentino en su estilo de vida (un nuevo trabajo, un nuevo estatus de madre, cualquier cosa) hace que se encuentren como en corral ajeno cuando hablamos de ropa. Mi favorita es aquella desubicada que le da lo mismo ser desubicada. Tan consistente es en sus desubicaciones, tan constante es en sus malos pasos de vestimenta, y con tanto desparpajo comete sus crímenes fashion que simplemente pasa por experta y por amante de la moda.

Uno de los momentos donde más podemos encontrar este tipo de situaciones es en los matrimonios. ¿Por qué? Simplemente porque es una de las pocas situaciones en que la gente normal tiene un nivel mayor de formalidad y de protocolo, y una de las pocas veces en que dejamos nuestro vestuario exageradamente informal. Les digo esto porque el tema de la desubicación se me vino a la mente no solo con una, sino con dos noticias parecidas de la prensa rosa inglesa. Las dos tienen que ver con matrimonios, con una de las reglas más antiguas del mundo y con uno de los pilares de la democracia: Como invitada, no importa lo soltera, estupenda, o tonificada que estés, JAMAS debes opacar a la novia. Jamás.

Una de este tipo de desubicadas, según la prensa, fue Pippa Middleton, hermana carretera y con cuerpo perfecto de la ex- Kate Middleton y hoy Catherine de Cambridge. La otra fue la hermana de Lilly Allen, Sarah Owen. Las dos cometieron el mismo error por distintos motivos. Una, por verse “demasiado más bonita” que la novia, enfrente de millones de personas en el mundo entero, opacando a la novia  y convirtiéndose en la nueva celebridad a paparazzear departe de la prensa rosa From England (cosa que personalmente no entiendo, tiene buen cuerpo, pero, Da para tanto?). La otra por, simplemente, ser la desubicada provocativa, combinando un vestido corto con un poco favorecedor escote, complementando todo con unos tacos naranjos furiosos, generando un conjuntito más adecuado para hacer lapdances que para acompañar a tu hermana, enfundada en un primoroso vestido de novia de Chanel, en el dia “más feliz de su vida”.

Siendo justos, en todo caso, ser la desubicada tampoco es tan malo. Estando en una sociedad que reprime con demasiado vigor a aquellos que se alejan un milímetro de la media y que juzga con energía innecesaria cualquier innovación (en todo sentido, no solo en la moda), la desubicación puede ser tomada , hoy más que nunca, como un valor a imitar, a atesorar y a monetizar. Es cosa de mirar a Lady Gaga, nada más.

Este post fue publicado originalmente en Viste la calle el 29 de Junio del 2011.

Distintas portadas, el mismo vestido

Esto ya parece ser una incipiente vicio de la industria. Ejemplo tras ejemplo y mes tras mes, las revistas sacan en sus portadas no sólo las mismas aburridas e insulsas actrices de siempre, sino también, vestidas con los mismos outfits.

El hecho de que un diseñador lance una colección exitosa, y que algunos prendas exhibidas sean de mayor alcance mediático que otras no tiene gran relevancia, y es totalmente esperable. No todas las colecciones van a ser igual de exitosas, y eso es lo normal. También podemos entender que dos celebridades usen el mismo vestido en la misma semana (al final, nadie pierde más que ellas), pero si hay algo que me sorprende es cuando un vestido se repite una y otra vez en distintas portadas de revistas distintas, no sólo una, sino hasta diez veces en un periodo de 3 meses de diferencia.

Los ejemplos en el último año sobran. Quizás el más escandalosos fueron los diez versiones de portadas varias, ilustradas con el mismo vestido dorado de Balmain mostrado en la temporada Fall 2010, que salieron a principios de este año. El  vestido, que costaba algo así como 3o mil dólares, fue lucido por chicas tan distintas como Claudia Schiffer, Natalia Vodianova y Anne Hathaway en portadas de Harper´s Bazaar, Grazia, Elle y varias Vogue around the world.

También ha pasado que en 3 revistas que se distribuyen de un mismo país, y en el mismo mes, 3 estrellas usen el mismo vestido, como pasó el pasado agosto 2010 en las portadas de W, Elle UK y Vogue UK, donde Eva Mendes, Lily Allen y Freja Beha respectivamente, se pusieron el mismo vestido Miu Miu con flores en el escote. Al menos, en este caso, los escotes eran tan diferentes, que parecían vestidos distintos.

También, en la primera de las ediciones de Vogue Paris comandadas por Emanuelle Alt, en abril de éste año, Giselle Budchen lució un vestido Dolce & Gabbana SS 2011, que además habia aparecido en Vogue Alemania el mes anterior, y en Vogue España dos meses antes, lucido por Contance Jablonski. No un muy buen comienzo para una nueva editora en jefe, ¿no?

Podríamos seguir dando ejemplos como éstos hasta el infinito (Como el conjunto de Gucci en la primera foto) ¿Por qué, habiendo tantas opciones, los editores y estilistas de las distintas publicaciones muestran, una y otra vez, el mismo vestido? Cada temporada, como es de esperar, hay prendas que por distintas razones (seguramente ajenas al diseño y a la belleza de las prendas) son marketeadas con más fuerza por las marcas. Mientras más lleguen ciertas prendas a las páginas de las revistas, esto se transformará -obviamente- en publicidad para las casas de moda. Sin embargo, ésta publicidad dista mucho de ser enfocada a vender la colección del cual proviene ese vestido, o esa chaqueta. Estamos hablando de prendas prohibitivas en precio, que nunca bajan de los varios miles de dólares por outfit. Lo que logran las marcas poniendo sus vestidos premium en primera plana no es aumentar sus vendas de alta costura, sino hacer crecer las ventas de segundas y terceras líneas (como D&G y Emporio Armani), de perfumes y cosméticos, y en general todo el arsenal de productos relacionados con un apellido impreso… Pero, al final, si ni siquiera van a vender ese vestido , ¿Porque no optar por opciones más creativas? ¿Porque no optar por nuevos nombres de la moda, diseñadores emergentes? Porqué no optar por vender los productos realmente rentables para las casas de moda dentro de las páginas de la revista? La respuesta, al parecer, como mucho en esta industria, tiene más que ver con lobby y políticas varias, que con la moda misma.

Este post fue publicado originalmente en Viste la calle el 22 de Junio del 2011.